Cambiar la hipoteca de variable a fija, novación o subrogación
Pasar una hipoteca variable a tipo fijo es una operación habitual y la ley la ha abaratado deliberadamente. Hay tres caminos, con costes muy distintos, y elegir mal puede costar varios miles de euros.
Las tres vías
1. Novación
Modificas las condiciones con tu banco actual. No cambias de entidad: solo se firma una escritura de novación modificativa.
Es la vía más rápida y barata cuando tu banco está dispuesto a negociar.
Costes: comisión de novación (limitada por ley, ver abajo), notaría y registro reducidos. No hace falta nueva tasación en la mayoría de casos.
2. Subrogación de acreedor
Trasladas la hipoteca a otro banco que te ofrece mejores condiciones. El préstamo es el mismo; cambia quien lo tiene.
Costes: comisión de subrogación (limitada), tasación —que suele asumir el banco nuevo—, notaría y registro. Muchas entidades cubren estos gastos para captar clientes: pregúntalo expresamente.
Detalle importante: tu banco actual tiene derecho a igualar la oferta. Dispone de un plazo para presentar una contraoferta, y si iguala las condiciones, la subrogación no se materializa. En la práctica esto convierte una oferta ajena en la mejor herramienta de negociación con tu propio banco.
3. Cancelar y firmar una hipoteca nueva
Cancelas la hipoteca actual y firmas una nueva, con el mismo banco o con otro.
Es la vía más cara —implica todos los gastos de constitución— pero la única posible si además quieres cambiar el capital, ampliar el plazo o añadir o quitar titulares.
Lo que la ley permite cobrarte
La Ley 5/2019 fijó un régimen específicamente favorable para el paso de variable a fijo:
Cuando se amortiza anticipadamente con motivo de una novación o subrogación que convierta el tipo variable en fijo, la comisión no puede superar la pérdida financiera del banco, con un tope del 0,15 % del capital reembolsado durante los tres primeros años del contrato. Después, cero.
Es decir: si tu hipoteca tiene más de tres años, el cambio a fijo no puede generar comisión de amortización.
Y aun dentro de esos tres años, el 0,15 % es un techo, no un importe garantizado: solo puede cobrarse si el banco sufre una pérdida financiera real, y debe poder justificarla.
Cuándo compensa
No hay una respuesta universal, pero sí un método.
El cálculo básico:
- Suma todos los costes del cambio: comisión, notaría, registro, gestoría, tasación si la pagas tú.
- Calcula la diferencia de cuota entre lo que pagas ahora y lo que pagarías a tipo fijo.
- Divide el coste total entre el ahorro mensual. Obtienes en cuántos meses recuperas la inversión.
Si el plazo de recuperación es corto respecto a los años que te quedan de hipoteca, el cambio tiene sentido. Si te quedan cinco años y tardas cuatro en amortizar el coste, probablemente no.
Factores que inclinan hacia el fijo:
- Te queda mucho plazo por delante, más de diez o quince años
- Tu presupuesto es ajustado y una subida de cuota te complicaría
- Valoras la previsibilidad por encima de exprimir el último euro
Factores que inclinan hacia quedarse en variable:
- Te quedan pocos años y poco capital pendiente
- Tu diferencial es muy bajo, de los que se firmaban hace años
- Tienes colchón suficiente para absorber subidas sin agobios
La hipoteca mixta
Existe una vía intermedia que se ofrece con frecuencia: tipo fijo durante los primeros años y variable después.
Tiene sentido si tu preocupación es el corto plazo —los años en que el capital pendiente es mayor y una subida duele más— y aceptas volver a variable cuando quede menos deuda viva.
El punto a mirar con lupa es qué diferencial se aplicará en el tramo variable. Es donde estas hipotecas se encarecen y donde la letra pequeña importa.
Los pasos, en orden
- Pide ofertas a otros bancos. Sin una alternativa concreta no tienes capacidad de negociación.
- Solicita la FEIN de cada oferta. Es el documento normalizado que permite comparar de verdad, y su entrega es obligatoria.
- Lleva la mejor oferta a tu banco actual. Muchas novaciones se resuelven aquí, sin cambiar de entidad.
- Compara el coste total, no solo el tipo de interés. Vinculaciones —seguros, nóminas, tarjetas— pueden encarecer una oferta aparentemente mejor.
- Comprueba el plazo de recuperación antes de firmar.
Cuidado con las vinculaciones
Una oferta de tipo fijo atractiva suele venir condicionada a contratar seguros de hogar y vida con la entidad, domiciliar la nómina o mantener un consumo mínimo en tarjeta.
Esos productos tienen un coste anual que puede anular la ventaja del tipo. La FEIN debe reflejar la TAE con y sin vinculaciones: compara siempre esa cifra, no el tipo nominal.
Para entender qué está moviendo tu cuota mientras decides, está qué es el Euríbor. Y si en lugar de cambiar de tipo prefieres reducir deuda, amortizar hipoteca: cuota o plazo.